Transforman gases contaminantes de una central de carbón en abono para el campo
Durante décadas, la captura de carbono ha presentado un interrogante persistente: ¿qué destino darle al dióxido de carbono una vez atrapado? La solución más extendida consiste en licuarlo y almacenarlo bajo tierra, un proceso costoso que además exige condiciones geológicas muy específicas, inaccesibles para muchas instalaciones industriales. Ahora, una empresa china ha puesto sobre la mesa una alternativa radicalmente distinta, que convierte un problema ambiental en un recurso con valor comercial.
La firma de ingeniería ambiental Jiangnan Environmental Technology (JNG) ha puesto en marcha en Ningbo, provincia de Zhejiang, una planta piloto que aprovecha los humos de una central térmica de carbón para fabricar fertilizante agrícola. El sistema, instalado en la central de Jiufeng y operativo desde agosto de 2025, tiene previsto capturar alrededor de 10.000 toneladas de CO₂ al año y generar aproximadamente 30.000 toneladas de abono, según información difundida por el South China Morning Post.
El núcleo del proceso: el amoniaco como agente clave
La base tecnológica reside en el uso de amoniaco. Los gases procedentes de la combustión del carbón se tratan con este compuesto, que absorbe simultáneamente dos de los contaminantes más problemáticos: el dióxido de azufre y el dióxido de carbono. De esta reacción química se obtienen dos sales nitrogenadas de gran utilidad en la agricultura:
- Sulfato de amonio
- Bicarbonato de amonio
Ambos compuestos se emplean de forma habitual como fertilizante agrícola en todo tipo de cultivos, lo que otorga un valor añadido al proceso de captura.
La técnica de desulfuración con amoniaco, que elimina el dióxido de azufre de los humos, ya se utiliza desde hace años en el sector industrial. La verdadera novedad, según la compañía, consiste en haber ampliado la reacción para atrapar también el dióxido de carbono, y no únicamente el azufre. Un responsable del proyecto lo explicó con una imagen muy gráfica en el diario estatal China Electric Power News:
«Por un extremo de la tubería entran los gases de combustión y por el otro sale el fertilizante».
Frente al almacenamiento subterráneo, un producto con salida comercial
La captura de carbono ha demostrado su eficacia técnica, pero siempre ha chocado con el mismo obstáculo: qué hacer con el CO₂ retenido. La opción de almacenarlo bajo tierra requiere fuertes inversiones en infraestructuras y condiciones geológicas particulares que no todas las plantas pueden ofrecer. La planta de Ningbo rompe ese paradigma al convertir el carbono capturado en un producto con valor comercial.
Esto implica que el proceso deja de depender exclusivamente de la obligación medioambiental. La venta del fertilizante obtenido permite compensar una parte significativa del coste industrial, un factor determinante para que la captura resulte rentable y no se convierta en un gasto que las empresas asumen a la fuerza. En otras palabras, la tecnología transita de un modelo de coste puro a otro de economía circular.
Mejoras constatadas en el rendimiento de los cultivos
Más allá del balance de emisiones, JNG defiende que el abono producido incrementa el rendimiento de determinados cultivos en comparación con los fertilizantes convencionales. Los ensayos de campo vinculados al proyecto arrojaron un aumento del 6,2% en la producción de arroz. Los investigadores atribuyen este efecto al aporte de azufre y carbono que contiene el producto, elementos que, según los datos disponibles, favorecen la absorción de nutrientes y mejoran las condiciones del suelo.
No obstante, la propia compañía reconoce que aún se necesitan estudios agrícolas a largo plazo para confirmar estos resultados de forma concluyente. La comunidad científica espera con interés la evolución de estos ensayos, que podrían abrir una nueva vía para la fertilización sostenible.
De planta piloto a proyecto a gran escala
Por ahora se trata de una instalación de carácter piloto, pero el objetivo de China es llevar el sistema a una escala industrial mucho mayor. El diseño actual está pensado para capturar en torno al 90% del CO₂ generado en el proceso de combustión. JNG, que según sus propios datos controla una parte sustancial del mercado chino de desulfuración con amoniaco, ya planea un proyecto de mayor envergadura en la región de Xinjiang, con capacidad para capturar un millón de toneladas de CO₂ al año.
Este ambicioso plan refleja la apuesta del gigante asiático por soluciones que integren la reducción de emisiones con la productividad agrícola. La combinación de ambos objetivos resulta estratégica en un país que necesita alimentar a una población enorme mientras lucha contra la contaminación atmosférica.
Luces y sombras de la conversión en fertilizante
Sin embargo, la iniciativa no está exenta de críticas y limitaciones. La conversión de CO₂ en abono no convierte al carbón en una fuente de energía limpia ni elimina por completo su impacto ambiental. Diversos expertos advierten de que esta vía difícilmente podrá absorber el volumen suficiente de dióxido de carbono para compensar las emisiones de los grandes parques de centrales de carbón que aún operan en el mundo.
Por ahora, el sistema captura una fracción modesta de lo que emite el sector, y su validación a gran escala todavía está pendiente. La pregunta clave sigue siendo si una tecnología de este tipo puede escalarse lo bastante rápido y a un coste lo bastante bajo como para marcar una diferencia real en la lucha contra el cambio climático.
Para quienes deseen profundizar en los fundamentos químicos de estos procesos, existen obras de referencia como el tratado sobre química del carbono y sus aplicaciones industriales. También resultan de interés los manuales sobre técnicas de captura y almacenamiento de CO₂, que abordan tanto los métodos actuales como las perspectivas de futuro.
Contenido original en https://www.vozpopuli.com/indux/china-captura-el-humo-de-una-central-de-carbon-y-lo-convierte-en-fertilizante-para-sus-cultivos/3658/
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